Cardona: no sólo hay minas de sal en Siberia

Hace aproximadamente un mes vistamos con un grupo de personas las minas de sal de Cardona, en la Cataluña profunda. Así me sacudí la idea de asociar siempre ese tipo de prospecciones con Siberia en general, y con Irkustk en particular. En la foto aparece Koke, en una galería de la mina, junto a Paquita Cardona, en la que concurre la casualidad de llamarse como el pueblo que visitábamos, y el hecho de que este fin de semana pasado se comportó con gran amabilidad con nosotros, pues es ibicenca y nos trasladó siempre que hizo falta por la hermosa isla que habita, sobre todo para ir y volver al aeropuerto. Así que he querido agradecerte tu gentileza, Paquita.


Como quiera que he recibido muchas fotos de la boda de este domingo, aprovecho para colocar esta de los novios; Nathalie y Josep Lluís. Lu parece resuelto a "consumar" prestamente su matrimonio dada su depravada actitud con esa lengua libidinosa y concupiscente.

En esta otra aparezco gratamente flanqueado por las tres mozas que integraban nuestro grupito de media docena de barceloneses. Por cierto que en el Airbus A-320 expenden unos sandwiches que están de muerte, eso sí, baratos no son, y más vale que la deglución de los mismos sea rápida, porque un vuelo entre Barcelona e Ibiza consiste en un aterrizaje y un despegue.

La boda de Lu2b3l en Ibiza

Josep Lluís decidió casarse con Nathalie, y claro, tenía que ser en Ibiza, ya que ni ellos ni nadie de su familia son de esa isla (Barcelona y Francia respectivamente)… y pallá que nos fuimos un grupo de amigos suyos, descendiendo de los cielos en un pájaro de hierro con cien ojos de cristal. En la foto: Marta, Myself, La Maravillosa cabeza Parlante de Carlos, el hojomeneado, Francesc, Rosa y Alba. Esta vez he puesto los nombres en lugar de los nicks, aunque el novio se hace llamar Lu2b3l. Lu apostató del catolicismo hace unos años. Yo le indiqué antes del evento que teníamos un regalo para él, que si podíamos acercarnos durante la cena a dárselo y decirle unas palabras.

Inocente como es, fuimos llamados en lo más solemne de la ceremonia con todos los honores para entregarle el agasajo, y loar su pasado y su presente claro, y de noche entre velas y luz tenue, a escasos cinco metros de las olas del mar rompiendo contra la costa, en un marco incomparable, le entregamos oportunamente envuelto y decorado con fotos de su desordenada vida de otrora por un lado, y de Natalie y Lu por el otro en su plácida vida actual, y tras un breve discurso que pronuncié tratando de contener las lágrimas (enseguida entenderéis porqué), esta maravilla, esta joya preciada que hasta echa luz, mecagüen el copón, que con los amigos no hay que escatimar en gastos ni en nada:
http://www.youtube.com/watch?v=AEQrpXCZUXY
¿La calidad del vídeo, decís?, hombreee, que lo filmé sin luz y con mi cámara de fotos, que es una maravilla y lo capta todo.

Y la boda discurrió feliz, con buena comida y bebida, sin incidentes y ¿ein?


¡Cariño!, creo que tú y yo vamos a tener unas palabras…

Mmmh… bueno, nada, no decía nada.

Hacia la madrugada llegó el arrebatamiento, como pone de manifiesto esta instantánea en que Francesc y yo acompañamos a Lu en una entrañable danza popular isleña. Sí claro, sonaba Heavy Metal. Nooo, no hubo nada más que alcohol aquella noche; aaay, los tópicos ibicencos.


La mañana siguiente descubrimos que existen vórtices de energía que pueden llevarnos al pasado más remoto, pues frente al hotel, con esa carita de cansada, está Kokelín delante de un sensacional SPAR, en el que adquirimos, entre otras vituallas de otrora, un pastelito Pantera Rosa.
Por cierto que la boda fue en domingo (anteayer), y la primera boda a la que recuerdo haber asistido en el día del Señor.

Nathalie et Lu, veuillez bien agréer l'expression de la notre plus grande amitié, et nous rejoindre bientôt ici a Barcelone, ou chez vous aux Pyrenees.

El mandril con inquietudes artísticas

El mandril es un animal que no tiene mucho (ni poco) de simpático, y no anima pensar que podamos proceder de él u otros antropoides similares. Los que habitan el famoso foso del Zoo de Barcelona no se dirían catalogables como animales particularmente brillantes o sensibles. Por todas esas cosas, un grupo numeroso de amigos y conocidos hemos adoptado su figura como epítome de singularidad (en el sentido que se desee interpretar).

Hace unos meses, Tereixa y Jambrina (que es el marido de Tereixa), pasaron unos días en la casa en que Koke manda y ambos vivimos, y me regalaron la fabulosa camiseta que llevo colocada en la instantánea. Esa noche recibimos a nuestros amigos una docena de miembros de una cofradía de adoradores nocturnos del Santo Grial del Cerebro Sobredimensionado.

En la foto, yo luzco feliz al mandril que se retrata lo que no puede verse, entre un Jambrina que cena con apetito, y Koke que charla con otra persona, indiferente a mis “intelectuales” actividades

Lo cierto es que ese fin de semana reímos mucho, y sin saberlo, Violeta la Burra, reputado/a artista/o de Barcelona, contribuyó a ello con su música.

De propina; he aquí la letanía fúnebre del mandril fallecido, que tanto entusiasmo despertó en Tossa de Mar hace ya casi un año, y descubierta -al menos para mí- por el Marqués del Villar de Huergo:

(no es un vídeo apto para mentes sensibles)

http://www.youtube.com/watch?v=_llVqOnrt1Y

Fer

Una bufanda viviente, de piel de pitón

Sí amigos, en la foto, con esa cara que pongo de angustia, temor e inquietud, sujeto rodeando mi cuello una serpiente pitón. Junto a mi cara puede verse la del simpático ofidio, que no os creáis, pesaba lo suyo, y posé con ella largo rato porque el fotógrafo la sacaba movida (a la sierpe no paraba de moverse).

Divertido como estaba yo en este lance, la mujer del dueño del bar -el "Museu", de Empuriabrava, L'Alt Empordà (Girona)-, se acercó para "tranquilizarme" al respecto de que si yo no hacía movimientos bruscos, no corría peligro; momento en que hice con la boca un ruido como el maullido de un gato que es atacado por un dobermann, y en un rápido gesto le coloqué los morros de la pitón a un centímetro de los suyos. Experta como pretendía mostrarme ser (el bicho era de su marido), ante mí sólo quedaron de ella las bragas y una nubecilla de polvo en el aire, porque desapareció como los personajes de F. Ibáñez en sus tebeos.

La bicha era como tener una bufanda de piel, que al estar viva además te va haciendo un masaje. Eso sí, la sujeté con las dos manos, porque estos animales tienen cierta querencia a que sus masajes consistan en abrazos al cuello, digamos... de excesiva efusividad.

Observad que todo cristo se apartó bastante de mí, y fijaos en el ser que se ve a mi derecha en la foto, sentando/a en la barra del bar, mirando a la cámara y sonriendo. Tiene cara de tío, pero lleva falda y zapatos de tacón, ¿qué será eso?, en fin... ¡Ah!, eso oscuro que llevo sobre la cabeza es pelo, la foto está tomada a finales de los ochenta's del pasado siglo, y además, si la pelusilla del tarro me la dejo larga y me la anasagastizo convenientemente, puedo parecer un no-calvo.

¿Vienes a jugar con nosotros?

Suelo aparecer sonriente en todas mis fotos de la infancia, bueno, en casi todas. Lo cierto es que no sé qué había ocurrido el día en que fue tomada la instantánea de arriba; tal vez se había muerto un pariente, o quizá a algunos de mis primos y vecinos nos había invadido esa especie de aura inquietante que rodea a los niños en las películas de terror.
¿Alguien recuerda una película de miedo sin niños que den mal rollo? Fijaos en el mayor, mi primo Javierito, mirad la expresión de su cara, ¿guardará una colección de cadáveres en alguna parte?; ¿y qué me decís de mis vecinitos de la derecha del todo?, con esas dos caritas de Cottolengo del Padre Alegre o de la España profunda. ¿En qué centro cumplirá ahora condena Valentín, al que se le ve sólo media cara?
Empero, detrás de mí, mi prima Sara sujeta en brazos a su hermanita Chelo. Era realmente guapa mi primita Sara, aaay (profundo suspiro...). A la izquierda está Martín, un verdadero llorón, un quejica, no sé la de veces que le tuve que sacudir para que dejase de llorar, sin éxito. Por supuesto le dije que los reyes magos no existen, y que él era adoptado (él no era adoptado, pero se lo creyó MWAHAHAHA!!!).
Pero de esta foto, sinceramente, lo que me produce desasosiego cada vez que la miro, es la manera en que me miro yo desde ella. Qué cara de... no sé, como poseído, o algo...
En la puerta abierta de la izquierda, en ocasiones parece percibirse como una cara en la penumbra, pero no siempre.

¿Quieres venir a jugar con nosotros?
Fernandito

A veces pasa la vida... desapercibida

El pendejo de la izquierda soy yo, a mi derecha está mi primo Pedro, y más a la derecha hay una moza... ¿podéis creeros que no me fijé en ella ese día?, ¿pero cómo una chica con un bikini tan bonito pudo pasarme desapercibida?, a veces pienso que "desapercibir" tiene que ver con la condición de percebe.

Es sorprendente cómo las fotos de nuestras vivencias pasadas, como ese día en la playa, nos hacen evocar otros tiempos, e incluso desear introducirnos en la propia imagen para recrearnos de nuevo en las experiencias pasadas, y apreciar con más detalle lo que tal vez nos pasó por alto pese a tenerlo tan cerca.

Koke me acaba de fulminar con la mirada el occipucio -que se halla ubicado en la cabeza-, por lo que voy a acabar ya esta entrada, en la que tenía previsto extenderme más. Bueno, a según qué edades, como la que presento en la foto, tampoco puede uno extenderse mucho en según qué aspectos.

Fer

La entrada a otra dimensión

Mira la entrada de esta casa, mírala con detenimiento hasta que creas ver cosas moverse. Imagina que entras en ese lugar, y que pasas ahí la noche. Te aseguro que esa casa es, toda ella, como la entrada.

A veces las cosas antiguas nos retrotraen al pasado, a la infancia, a momentos felices y sosegados. Otras veces, empero, hay cosas de antes que pueden causar, a según quienes, un cierto desasosiego. Dime, ¿dormirías dentro de esa casa?, ¿bajarías a esa entrada con un candelabro a ver qué ocurre si escuchases ruido y no hubiese luz?

Esa foto es del mes pasado, y esa mansión está como cuando la construyeron, decoraron y amueblaron. Pulsa si lo deseas para verla con detalle. En la casa han nacido y muerto varias generaciones de personas de una misma familia.

¿Quieres pasar?, yo te invito, aunque la casa no sea mía. Se come bien, y se duerme... cuando se logra conciliar el sueño, porque es que en las casas viejas hay muchos ruidos, ¿sabes?, sobre todo de noche.

Mi primer tigre



Para mí era un michirrín, un gatito pero más grande. La sonrisa plácida con que lo tengo sujeto muestra que yo no era consciente de en qué cosa se iba a convertir Javi algún tiempo después, porque mi tigrecito se llamaba Javi.

Al tenerlo encima ronroneaba, como un motorcito, pero tan fuerte que sostenerlo, o estar tumbado con él encima, equivalía a una sesión con un fisioterapeuta o fisiatra, por las vibraciones. Se le oía ronronear desde la otra punta de la casa, y mira que la casa era grande. Su tacto era suave, agradable, calentito. Y maullaba, ya que faltaba mucho para rugiese, yo nunca le oí rugir de hecho. Sí lo utilicé como almohada y como cojín, y él a mí como amamantador, pues le di el biberón.

No cabe duda de que los sesenta’s profundos del pasado siglo conocí muchas de mis primeras cosas, incluidas las primeras pajuelas, que decían entonces los curas que perjudican la vista –como supongo que aún dirán ahora con más discreción en sus círculos íntimos-, y debe ser por mi solitaria y precoz afición que soy miope, o quizá no.
La caca de Javi olía mú malamente, como dice Imperator de uno de sus gatos parecía que cagase plutonio. Pero pocas cosas más placenteras que jugar con un gatito que, como puede verse en la foto, era casi tan grande como yo, y en cambio era un cachorrito.