Eshma y Belma

De mayo a noviembre de 1999 estuve en Croacia, Bosnia-Herzegovina y otros lugares de los Balcanes formando parte de un equipo de cinco personas, un "CIMIC", cuyas funciones eran, bajo la cobertura de la OSCE en infraestructuras, y de la OTAN para la protección, ayudar a reinstalar a los refugiados y desplazados de guerra, y colaborar en la reconstrucción de las instalaciones en las que las personas que regresaban a sus casas, debastadas por la guerra, tenían que tratar de reiniciar sus vidas, sólo que, ahora, de una forma muy diferente a como todo era cuando se fueron.

La intérprete, Sabina, musulmana no practicante, era pieza clave en nuestro trato con las autoridades locales y con las gentes a las que íbamos a visitar en las "opstinas" (lo que aquí llamamos concejos, o barrios), ya que mi equipo mediaba entre las ONG,s, los ayuntamientos, ayudas privadas, FAS,s de diversos países que contribuían con sus medios a reconstruir infraestructuras, etc...

En la foto de esta entrada estoy repartiendo juguetes a las niñas del colegio de Nevesinje, una pequeña ciudad serbia de la Bosnia central en la que coordinamos muchos trabajos de reconstrucción, un lugar en el que el tiempo parece que se detuvo hace varias décadas a tenor del aspecto que todo ofrece.

No siempre eran tan gratas las imágenes, pues, pese al tiempo transcurrido desde que la guerra se detuvo (porque no terminó, sino que se detuvo), las fachadas en los pueblos y ciudades siguen ametralladas, y, en ocasiones, al llegar a una casa a la que la familia había regresado, no sólo había problemas de falta de agua, de que las autoridades croatas no diesen educación a niños serbios (es un ejemplo que vale para los tres bandos), o que todo estuviese desmantelado. Lo más impactante es que primero regresaban ancianos y perros, muchos perros, que pasaban varios meses pisoteando el terreno, y sólo cuando estaban seguros de que no quedaban minas, regresaban los niños y los jóvenes -los que estaban vivos tras la guerra-.

En un campo de refugiados conocí a una chica de treinta años llamada Shamira, bosnia musulmana, cuyo marido había muerto en la guerra. Su único patrimonio eran los juguetes de sus dos hijas (Eshma, de un año, y Belma, de dos años y medio), el cuarto de nueve metros cuadrados que la opstina le dejaba, y un "Sagrado Corán" escrito en árabe, lengua que desconocía por completo. También tenía una foto de su marido.

Para quien no lo sepa, y al respecto de las edades de las niñas, la guerra en que murió su marido se detuvo cinco años antes de que naciese la mayor, Belma, a la que, por cierto, era necesario operar al año siguiente de irme yo en Sarajevo, de una malformación cardíaca grave. Una de las misiones más delicadas de las visitas a aquel campo de refugiados era intimidar a los hombres para que no forzasen a las mujeres en general, y a Shamira en particular, a prostituirse.

Otro dia colgaré alguna foto de alguna de las dos niñas, hoy no me apetece.




En en un cole serbio


Fer

3 comentarios:

  1. No me lo puedo endecreé. ¡Has colgado una afoto! :)

    ResponderEliminar
  2. Gracias a tus sabias enseñanzas y doctas indicaciones, cardenalisa de la verdadera fe.

    ResponderEliminar
  3. Aqui vemos que Lumen es algo más de lo que aparenta a primera vista.
    Inteligencia lógica la tienen hasta los IBMs por no decir todos los robots que crea el hombre. Pero Lumen, a parte de ser una de las personas con más capacidad lógica - comunmente llamada inteligencia- que conozco, nos ha demostrado con este comentario es una Bellísima Persona, lo cual trasciende toda materia incluso "Bit-eriana" y empequeñece cualquier otro motivo existencial.
    Un ser humano que hace lo que él de poner su vida en peligro para evitar injusticias tiene un gran motivo para sentirse orgulloso de si mismo.

    Elena Puig

    ResponderEliminar

Comentarios: