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Mi madre con Nina Simone

Mi madre en la Costa Azul, Francia, con Nina Simone y su hija, a mediados de los años 60s, el siglo pasado.



Una semana en Disneylandia y París

El mes pasado estuvimos una semana en París, con unos amigos, alojados en un hotel dentro del parque Disney y acudiendo a sus dos parques de atracciones; pero por supuesto, y por enésima vez, fuimos a visitar París. Mi niña subió hasta arriba del todo de la Torre Eiffel. Y los demás también, claro.







La prensa extranjera y España

Oigo opiniones de prensa extranjera sobre la actuación policial de ayer en Barcelona, y recuerdo el eterno complejo español de justificarse ante los otros cuando algo se hace mal en nuestro país ya que los demás son perfectos. Pues esto va para las tres potencias occidentales con derecho a veto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, y de propina la principal potencia de la UE.
Los franceses que empiecen por declarar el catalán y el euskera idiomas oficiales, como lo son en España; y el corso, y el bretón, y el alemán en Alsacia.
Los alemanes metieron democráticamente a 94 diputados nazis en el Bundestag hace cuatro días, como tercera fuerza política. Parece que tienen nostalgia de 1945.
Los ingleses han abandonado la UE de interesados que están en lo que pasa en sus países vecinos.
Los americones pueden animarse a que sus policías dejen de asesinar a tiros a negros desarmados, podrían no reelegir a Trump las próximas elecciones, y decidir ya qué muro eligen para levantarlo entre USA y México. Y enhorabuena por sus victorias en las guerras de Afganistán e Irak... oh, wait!
En fin, que se preocupen de sus problemas, que nosotros no estamos bombardeando Siria y ellos sí, ni estamos vendiendo submarinos de misiles con cabezas nucleares a Israel, y ellos sí.

Alba au Château de Cheverny

Alba en el Château de Cheverny en el Valle del Loira. De la parte central de este castillo copió Hergé el Castillo de Moulinsart, del Capitán Haddock compañero de Tintín, que puede verse en la segunda foto.



Tignes, Savoya francesa, 1994

1994 en la Savoya francesa (los Alpes), en concreto en Tignes, solía ir a pasar una semana en septiembre y a esquiar con un amigo, después caían unas nevadas impresionantes y era mejor que en invierno. El teleférico y el tren subteráneo te dejan a más de 3.600 metros de altura, cuesta respirar. incluso en Tignes a 2.200 metros el aire es ya poco denso.

1. En el teleférico antiguo, no apto para personas con vértigo; abajo se ven Tignes y el lago.

2. Parada en un pueblo con nombre la mar de simpático.

3. Colándome en la foto que mi amigo Manel hace a un pájaro arriba a 3.660 metros de altitud, la valiente ave está en un círculo rojo.

Y en efecto, eso que tenía hace 21 años sobre la cabeza es pelo.




Tarde, noche y cena en Narbonne, Francia

Tarde, noche y cena en Narbonne, tras visitar por la mañana la Reserva africana de Sigean. Lo cierto es que, además de lo bonita que es esa ciudad, y lo más importante; lo bien que lo pasaron los niños, encima acertamos con el restaurante, muy típico francés y con un buen precio.








Tignes, esquiando en verano en la Savoya Francesa

Aquí estoy, en septiembre de 1994, en el teleférico de Tignes, en los Alpes de la Savoya Francesa, a 3.600 metros de altitud. A esa altura cuesta respirar, empieza a haber poco oxígeno en el aire.

Pero los descensos por las pistas son eternos, dura horas y horas.

Abajo puede verse el lago de Tignes, a 2.200 metros de altitud. Por las noches las cenas eran muy copiosas.

Me dijeron que se esquía sobre hielo que se va aguando a medida que llega el mediodía, pero no fue así: el primer día cayó una tormenta y estuvimos esquiando sobre nieve polvo durante más de una semana.

Ah, y por aquel entonces yo aún no era calvo, como puede verse.

Las rayas tras de mí son del metacrilato de la cabina.


Alba en el Mont Saint-Michel

Alba mi mujer hace algún tiempo en el Mont Saint-Michel, en la bisectriz entre la Normandía y la Bretaña francesas, una región maravillosa con ese lugar tan espectacular, a donde que hemos ido varias veces. Más por la zona que sólo por la isla con su basílica a las que rodea el agua durante la pleamar. La ciudad de Saint-Malo, o "de los piratas", no queda lejos, con sus callejuelas medievales.


San Juan de Luz, 2013

Este verano hemos llevado a Koke a Francia, en concreto al País Vasco Francés, a Donibane Lohizune / San Juan de Luz / Saint-Jean-de-Luz (euskera / español / francés); y han sido unos días muy agradables y placenteros.

Mi nenita juega con las olas al atardecer en la playa.


Koke y Mami toman un Perrier (agua con gas) con sirope de limón en el jardincito del hotel.


Un ángulo de una casita familiar del barrio en que estábamos.


Otra imagen de la misma casit... mansión solariega que te mueres.


Mamá y su bebé en un restaurante muy chulo, frente a la playa, recomendado por Jesús.


Koke de noche baila subida en el bordillo del kiosko de la plaza mientras toca una orquesta.


Contraluz de Alba a la puesta de sol.


Ya solíamos venir a finales del siglo XIX.


Alba 2.0 en la piscina, era imposible sacarla de ahí.


Pasamos un día con Vailima y Jesús, que viven cerca, trajeron muchos regalos para Koke; y lo pasamos francamente bien.



En la plaza de San Juan De Luz había una pintora y a Koke le gustó este cuadro, lo eligió la niña de entre los muchos que tenía. Su color favorito también es el azul (como nos pasa a Alba y a mí), nunca lo habíamos hablado. Está sin enmarcar porque los bordes también están pintados.


Koke mira la puesta de sol sentada en la tapia de la playa y ambos se difuminan.


El Viaducto de Millau, otro acceso a la Francia profunda

El Viaducto de Millau es el puente más alto del mundo, hasta el extremo que que si la Torre Eiffel estuviese debajo, le faltarían viente metros para llegar a tocarlo.


Esta superestructura, diseñada entre otro y para variar por Norman Foster, sobrevuela literalmente el Valle del Lot, en la Francia profunda y antes intransitada, y circular por él en coche causa una sensación parecida a volar en avión. Debajo del puente con frecuencia hay nubes, y bajo ellas pueblos. Reduce en dos horas el itinerario Barcelona - París, como llevamos disfrutando los barceloneses cuando elegimos el coche como medio de viajar a la Ciudad de la Luz.




La llegada y acceso al puente en efecto a veces impresiona a los conductores que se ven llegando a ese lugar. En particular si debajo y a cientos de metros, y hasta por encima e incluso por enmedio sólo se ven nubes:


Pero también se da el caso de atravesarlo en días soleados.