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Eiffel: la verdadera protagonista

Me encanta la grúa, era mucho más alta que la torre. No debieron retirarla sino dejarla como la verdadera estructura humana más alta del mundo. Esa grúa lleva colgando 𝙡𝙖 𝙘𝙪́𝙥𝙪𝙡𝙖 𝙙𝙚 𝙡𝙖 𝙩𝙤𝙧𝙧𝙚, y está muchísimo más alta que la torre.



Koke en la cima de la Torre Eiffel

Koke en mayo pasado, en la cima de la Torre Eiffel; en el piso con ventanas arriba del todo, y en la terraza superior descubierta. Debajo puede verse todo París y hasta muy lejos más allá de la Ciudad de la Luz.




Una semana en Disneylandia y París

El mes pasado estuvimos una semana en París, con unos amigos, alojados en un hotel dentro del parque Disney y acudiendo a sus dos parques de atracciones; pero por supuesto, y por enésima vez, fuimos a visitar París. Mi niña subió hasta arriba del todo de la Torre Eiffel. Y los demás también, claro.







Au sommet de la Tour Eiffel / en la cima de la Torre Eiffel

Desde la cima de la Torre Eiffel. Había viento fuerte de levante. Pero cielo despejado y excelentes vistas. En el piso superior descubierto, sobre el de los turistas con vértigo. Aquí arriba hasta hay un puesto con copas de champagne. La semana pasada dimos unos paseos agradables, cansados pero compensados con buena mesa en esta ciudad en la que Alba y yo nos sentimos en casa, y a la que fuimos acompañados por unos buenos amigos.



Alba en Escenarios Diversos

Cuatro estampas de Alba, mi mujer y madre de nuestra nenita.

Aquí está ante el Castillo de Brissac, en el cauce bajo del Río Loira, en Francia; se trata de un castillo acondicionado como cuando se construyó hace medio milenio, amueblado y restaurado por completo, y, sobre todo: habitado por sus propietarios originales. Lo hemos visitado varias veces.


Aquí está en Holanda, en la zona más típica de molinos de viento que se conservan como cuando estaban habitados y servían para moler. Allí, como en todo el país, los desplazamientos son preferentemente en bicicleta.


A la orilla del Sena, en el centro de París. Un clásico porque no tengo ni idea de cuántos cientos de veces hemos estado en esa ciudad.


Y aquí está de niña, con su abuelo. Cuando en España el mundo de las fotos era aún con frecuencia en blanco y negro.


La Sainte-Chapelle en el centro de París

La Sainte-Chapelle en el centro de París está considerada una de las obras cumbre del periodo radiante de la arquitectura gótica. Siempre que visito la ciudad acudo temprano por la mañana un día laborable para poder pasar, lo menos acompañado y lo más tranquilo posible, unas horas contemplando sus vidrieras, que desde dentro y sin que te expliquen cómo las construyeron en el siglo XIII dan la sensación de sustentar directamente el techo del templo, pues como puede verse ocupan todas las paredes. Dentro el efecto es sencillamente mágico, relajante, incomparable como los marcos. Recomiendo visitarla, está en Île de France, muy cerca de Notre-Dame.



El París más romántico

Son varias las entradas en que he abordado París, pero esta vez quiero centrarme con dos imágenes en su faceta más romántica, por la época y por los lugares. La época no podía ser otra, pues si hablamos de romanticismo -en su faceta sentimental que es la que corresponde a la Ciudad de la Luz-, hemos de acudir inevitablemente al otoño. Sin duda el romanticismo abarca otros aspectos y maneras de ver y sentir la vida; desde la pasión por el terror gótico en forma de novela o cine, hasta la fascinación por los ideales; de igual modo que fuera de París y lejos del otoño hay romanticismo, porque este habita en realidad dentro de las personas que lo sienten.


Vamos en fin a un lugar del que ya he hablado: la Fuente de Medicis en el Parque de Luxemburgo, a principios de noviembre. Ahí está Alba sonriente, con un gorrito, en ese rincón de París que por fortuna suele tener pocos visitantes por lo desconocido y porque no es particularmente espectacular. Ahí sólo van parisinos a sentarse y leer. Como he dicho otras veces, y hasta que algo lo sustituya porque nada es eterno, ese y no otro es para mí el lugar más romántico del mundo.



Y aquí estoy yo, en una mañana de resaca y en la misma época del año, con el río Sena de fondo que puede percibirse ligeramente a través de la hojarasca de ese árbol que lo flanquea.