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No sé qué tienen las niñas que a veces dan... respeto, miedo no, respeto


No sé qué tienen las niñas que a veces dan... respeto, miedo no, respeto.


Esta es mi hijilla, que hace unos días se metió en la escalera de una casa antigua del centro de Barcelona, y miró con una expresión digamos que... peculiar. No sé, esa noche me costó conciliar el sueño.


Una Ducha con Gas

Yo estaba en casa de un amigo, en Castellón, y pregunté por el baño para ducharme. Estaba en la ducha con la mampara translúcida corrida, a punto de empezar a duchar mi cuerpo humano, aún no había abierto el agua, era un grifo termostático... y se abrió la puerta del baño, alguien entró muy rápido, canturreando ("Me Olvidé de Vivir" de Julio Iglesias), con el ruido de llevar una revista o similares en la mano, y sin tiempo -mío- de pestañear, se bajó los refajos, se sentó, apretó, ventoseó, y ya estaba cagando y resolviendo el autodefinido.

Y yo en la ducha más quieto que el David de Miguel Ángel, ni respiraba... porque la peste de la cagada tampoco daba muchas alternativas a una apnea más bien duradera.

Y claro, no dije ni mu; yo en cueros en la ducha, y quien sea cagando a un metro de mí sin saber de mi presencia.

Por suerte acabó, se limpió el bullarengue, pedorreó un poco más, y se largó. Y yo sin saber cómo logré contener la risa, por no asustar e infartar al/la cagón/a.

Luego me duché, sí, pero de mal rollo; porque olía regular allí dentro, por el trauma de la experiencia vivida, y por el miedo a que entrase otro usuario a hacer lo que sea.

Voy a Matarte Lenta y Dolorosamente

Voy a matarte lenta y dolorosamente.



Mi niña enfadada no es que de miedo, yo diría que más bien respeto... o algo.

La utilidad de la Virgen Santísima

Acto tan denostado como está en los días descreídos que nos toca transitar, pues encomendarse a la Santísima Virgen del Perpetuo Socorro del Sagrado Corazón de Jesús puede resultar extraordinariamente útil. Quizá no técnica u operativamente, pero sí en momentos en los que flaquea el ánimo, y hasta los más escépticos nos vemos abocados a refugiarnos en la fe.

¿Cómo si no hubiese tenido yo suevos de montarme en el Dragon Khan y además pasármelo bien? Hasta repetí un par de veces.
Otra cosa es nadar arrastrado por delfines, ahí sí que he de reconocer que me cugue (del verbo "cagarse"), sobre todo al ver a diez centímetros la hilera de colmillos de medio metro que gastan esos mamíferos. Qué majos son en los reportajes y películas, pero qué cangueli da estar en el agua al albur del capricho de una bestia del tamaño de un tiburón. Eso sí, la piel es suavecita.



En cambio mi niña se lo pasa de coña nadando con esos bichos, estaría horas con ellos; si estará feliz que hasta tiene los ojillos cerrados de alegría. Para que luego tilden a las féminas de ser el sexo débil. Y además en el Caribe, zona del planeta cuyo sistema sanitario no sé yo si es el más indicado para que te pase ningún percance.