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Seis meses en Bosnia en 1994, y seis meses en Bosnia i Herzegovina en 1999

En 1999, en la zona serbia de Bosnia i Herzegovina, yo pagaba tres kilos de carne de cordero para cinco personas, con vino de Montenegro y helados de postre. Los serbios era muy amables, y la sobremesa duraba horas. Este billete entonces equivalía a unos tres euros (seis marcos alemanes). Con un billete como este podías comprar también un Zastava 750 (como un Seat 127) para pasar el fin de semana. Después lo devolvías gratis y se ponían muy contentos.

El valor numeral del billete es de quinientos mil millones de dinares serbios.

Tengo muy buenos recuerdos de mi segunda estancia en Bosnia. Durante la primera pegué, mandé pegar y recibí demasiados tiros, en 1994. Por fortuna no me dieron, sino no estaría escribiendo esto ahora.

Un recuerdo muy cariñoso a todos los croatas, musulmanes, pero muy en especial a los SERBIOS  de Bosnia.


Bosnia i Herzegovina, 1.999

Algunas imágenes de la zona serbia de Bosnia i Herzegovina en 1.999, allí pasé seis meses en una operación de reasentamiento de desplazados de guerra que al haberse frenado esta (la guerra) por las tropas de la OTAN, podían regresar a sus casas con sus familias, o al menos los supervivientes. Mi equipo integrado por cuatro mandos españoles y una interprete local y bajo mando francés, tenía como cometido "acomodarles" de nuevo en sus antiguas viviendas, mediar con las ONG's e instituciones que deberían reparar sus casas y suministros (así como el desminado si se daba el caso), hablar con las autoridades locales cuando había problemas de relevancia; como por ejemplo advertir a un alcalde serbio que le íbamos a cesar si no permitía a niños croatas ir a la escuela, o a un alcalde croata de lo mismo si no hacía llegar electricidad a un barrio serbio o musulmán. Este es despacho de circunstancias que yo tenía en un corimec -tipo de instalación móvil- francés.


Este estado presentaban algunas de las casas a las que regresaban familias tras varios años refugiadas muy lejos, y ahí debían volver a rehacer sus vidas.


Esta es la Escuela de Navesinje (Serbia), que fue restaurada en gran parte y donde dimos material de estudio y regalos a los niños que allí acuden.


Con más frecuencia de la que nos hubiese gustado, visitábamos zonas aún conflictivas, lo que obligaba a pedir apoyo a unidades militares blindadas que nos garantizaban poder hacer el trabajo sin molestas visitas de milicianos inquietantes. Pese a ello no faltaron dos o tres momentos de cierta tensión, por decirlo de algún modo.


Y tampoco faltaban por la noche los momentos de ralax, tras una buena cena, con una copa de vino, y con mi gato, que se llamaba "Boirita". Le bautizó así Alba mi mujer, porque era un gatito de color gris como la niebla, y niebla en catalán se dice "boira".